La
obra de Daniel Mossin recupera el territorio donde la caligrafía
se transforma en paisaje espiritual.
Sus obras realizan una apropiación contemporánea de los ideogramas
chinos, siguiendo la genealogía de los expresionistas abstractos,
Cy Towmbly y Eduardo Stupia.
Sus dibujos remiten a una escritura alegórica, un devenir de la
manifestación sincrónica entre el pulso y la emoción.
En el cine oriental esta unión aparece citada en varias obras,
en las películas "El Tigre y el Dragón" y "Héroe", la técnica
del Sumi-e, la caligrafía y el uso de la espada se vuelven equivalentes,
son la coreografía de una muñeca entrenada en la meditación del
instante y la alineación del sujeto con su centro.
La sensibilidad plástica de las pinturas de Mossin se asemejan
a la perfección perceptiva de la poesía japonesa, aquella que
se delinea en los haikus.
Según Matsuo Basho un haiku es una epifanía: el
encuentro efímero del hombre con la belleza impermanente
del mundo, un momento de pura singularidad, como ese sonido silencioso
de la nieve deslizándose sobre una hoja en el invierno.
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